
lunes, agosto 27, 2007
O tempora, o mores

sábado, agosto 25, 2007
Fregona

lunes, agosto 20, 2007
Lobotomía

sábado, agosto 18, 2007
A desalamblal, a desalamblal

Y a lo lejos se ve que empieza el carnaval. Doy una vuelta enorme y de paso cañazo paso por Copellia, la heladería más conocida de Cuba. O tal vez la única. Poco y nada que envidiarle a Helarte. Ya pipón, me dedico a recorrer calles por doquier. Calles, casas, gente, carteles. Todos, invariablemente, viejos o, en su defecto, envejecidos. Camino y camino y un tipo se me acerca, me da la mano y me dice que es profesor de salsa. Mucho gusto, nos vemos. Llego de nuevo al Malecón y ya empezaron las comparsas. Hoy: carnaval infantil. Lleno de niñitos danzarines con cara de circunstancia, dando vueltas y vueltas al son de un parlante desvencijado y siguiendo al silbatazo cruel del instructor de turno. Medio mundo tomando cerveza y el otro medio mundo dándole a un mini tetra-brick con leche y ron. Precio de la bebida: 1 CUC. Salario medio en Cuba: 15 CUC. Algo no cierra. Por lo menos no hay alambres...o eso dicen los cartelitos con la cara de Fidel.
De Cuba con amol

A La Habana salí el viernes bien temprano. O no tanto, ya ni me acuerdo. Buenísimo, la peli es sobre rescates en alta mar. Al pelo. La cosa es que llegué al José Martí. Quién habrá sido ese Martí. Seguro que en el Museo de la Revolución me explican. Bueh, demasiadas turbulencias, en un rato sigo. Mientras miro la peli para poner la mente en blanco.
Terminó. Se murió Kevin. Y las turbulencias pararon o ya me acostumbré. La cosa es que llegué a Cuba y lo primero que vi fue una casa de cambio. Aceptan dólares, euros y la mar en coche. No sé, pero mi prejuicio y yo creíamos que no se podía cambiar plata abiertamente. No me pregunten cómo se hacía, pero así no. Cambié mis dólares por CUCs y proseguí a por mi taxi. Cuánto. 20. Eh, pero dale, media pila, 15. No. Dale. No. Porfa. Bueh. Y a 15 partimos, chofer, auto y yo. El auto: un Citroën nuevito y con un aire acondicionado de los que me gustan. Arrancamos y a la salida del aeropuerto un tipo hace señas como para pararnos. El taxista me dice en su incomprensible cubano que me disculpe, pero que quería tratar de sacar unos pesos más del viaje. Frenamos y el amigo, negro él, trata de explicar en un español muy rudimentario que un amigo, que él, que ir a La Habana, que volver en mismo día, que hacer negocio, que 2 dólares. El chofer amaga con sacarlo cagando y me pregunta qué hacemos. El pasajero potencial me mira y, siempre desde afuera del auto, me pregunta si hablo inglés. Aliviado, me cuenta que es de Gambia, que estudia karate en Cuba hace varios meses y que no me preocupe, porque tiene un amigo argentino que se llama Javier. No entiendo muy bien la historia, pero cuando el tachero me vuelve a pedir opinión le digo dale que va y en un tris tras ya somos 3 camino al centro.
El amigazo se esfuerza en sacar conversación y me cuenta sobre las maravillas de Gambia, lo seguro que es su país y el reducidísimo abanico de enfermedades que el turista puede contraer. Dice que vaya cuando quiera, que la voy a pasar genial. Pero que no vaya a Nigeria, porque es gente muy educada e inteligente y, por lo tanto, un pueblo muy peligroso (sic!). Me vuelve a agradecer y dejamos que el diálogo pluricultural se desvanezca. Así que aprovecho para mirar por la ventana. Parece el camino a Guernica, pero sólo se ven Ladas (idém Fiat 128) y esos Pontiacs lujosos y decrépitos que James Dean supo pilotear con dudosa habilidad.
Estaba tranquilo por partida doble: ya tenía reservada una habitación y la dirección del departamento estaba expresada como nombre de calle y número. Pasamos por un par de monumentos monumentales y llegamos a mi feliz morada: delante mío un edificio celeste y medio agujereado, de unos 5 pisos. De la nada aparece Orlando, mi contacto. Me saluda con una sonrisa y un apretonazo de manos, me lleva al quinto piso y mientras me cuenta que es fotógrafo, del gobierno claro. Inmortaliza municipio a municipio actos y más actos. Por el momento me resulta simpático el tema de la omnipresente propaganda oficial. La perlita: "Vamos bien", con la carita sonriente de Fidel.
Una vez en el quinto, tocamos la puerta del departamento 53. ¿Quién es? Alan, dice Orlando. ¿Quién? ¡Alan! Ahh...y del otro lado de la puerta gritan algo más en incomprensible cubano. Orlando me dice que mejor lo siga: bajamos por la escalera un piso y vamos rumbo al 43. Orlando toca la puerta y nos abren. Y de ahí más, siempre al 43. Raro, adentro del departamento no hay escaleras.
María es mi afable anfitriona. Y no es la madre de Orlando, que decía "Mari" y no "Mami" cuando tocaba a la puerta. María tiene una hija que ahora vive en Israel y otros más, que por ahí andan. Mi habitación está bastante bien: cama matrimonial, buena vista, decoración rústicamente sesentosa y, lo principal, un añejo y prometedor aire acondicionado. En La Habana hace un calor de locos: digamos que casi al nivel del microcentro en verano, pero con un vientito marítimo que alegra el alma que visita de vez en cuando. Pero se me acaba la batería, el post se hace interminable y hay más fotos que mostrar. Sigue...en seguida.
martes, agosto 14, 2007
Algunos caminos conducen a Cartago

En Costa Rica la romería se hace cada Agosto. Un montón (un montón) de gente camina un montón (un verdadero montón en algunos casos) hasta llegar a Cartago, la segunda ciudad del país en población y la primera en chubascos y mal tiempo. El objetivo: técnicamente rendirle culto a la Virgen de Cartago, más conocida como La Negrita. Según me dijo David, hace años que la romería no es mucho más que el Día Nacional del Jogging. Más de un millón de personas (y estamos hablando de un país con 4 millones de habitantes) se pone un elegante gorrito de baseball, calzas rosadas en el caso de ellas, zapatillas sea el que sea y empieza dale que te dale caminando al lado de la autopista.
Y la gente no sólo camina de día. De noche va la mayoría, para poder amanecer en Cartago. Y florece el negocio de los baños químicos. Y el de los vendedores de gorritas. Y el tránsito de medio San José se paraliza. Y algunos compañeros del trabajo se tienen que ir medio día antes de la oficina para evitar los embotellamientos. Lo que se dice un quilombo conmovedor.
viernes, agosto 03, 2007
Atalaya onírico

miércoles, agosto 01, 2007
Disquisiciones inmobiliarias

Candidato 1: Il vero Alfredo
Barrio de Lourdes, barrio de grandes. Me recibió domingo recién arrancada la mañana el bueno de Alfredo, un fotógrafo mexicano bajito, morrudo y cool. La casa es de lo más lindo que vi hasta el momento en San José. Alfredo me explica, como aclarando el tema del buen gusto, que la dueña es una cubana exiliada en Miami. La habitación que me tocaría está bastante bien y hasta tiene su baño privado. En el living Alfredo tiene montado su estudio, lo que lejos de causarme rechazo logra entusiasmarme. Me cuenta que trabaja para una ONG que promueve que los cazadores hagan safaris fotográficos en vez de sanguinarios. Me la deja en módicos 300 dólares al mes. Pero el barrio no me gusta: candidato descartado...
Candidato 2: Om shanti
San Pedro, al ladito de la autopista que va a Zapote. En esa gran esquina y no en otra es que se yerguen majestuosos los departamentitos de las Villas Lakshmi. Hay como veinte y parecen ser todos iguales: living con cocinita, habitación y baño privado. Todo muy rústico, en el sentido menos glamoroso de la palabra. En el medio hay un jardín exuberante, una fuentecita y por derecha e izquierda te seducen imágenes de deidades de la India. Los dueños, argentino y gringa ellos, me cuentan que hacen yoga todos los días en su casa. Que si quiero me les puedo sumar, venga o no venga al departamento. La cama no es gran cosa, la ubicación está mejor pero tampoco me cierra y a 395 verdes el mes, mejor también descarto.
Candidato 3: Tiquicia mon amour
Arreglo con Néstor para ir a ver este departamento el domingo a la tarde. El punto de referencia es claro y no falla: la calle que sale del Taco Bell que está cerca del Mall San Pedro. El viene en un auto gris. Lo veo, me monto a su infernal y demacrado Pontiac, hacemos unas cuadritas y llegamos al susodicho: un edificio que en el Petit Larousse debe figurar como ilustración de la palabra lúgubre. Pero en las fotos se veía bien. Salimos del auto y Néstor saluda al guardia de la entrada. El guardia le dice que qué tal, que todo bien y en orden, pero que el fulano que tiene la llave del departamento se acaba de ir. Pero cómo, pregunta Néstor sin perder la calma, no es que se suele ir a eso de las cinco y media. Sí, parece que se suele ir a las cinco y media, pero hoy se le dio por irse a las cuatro y media. Ahhh. Me relamo pensando en el jugosísimo material que me están aportando para el blog y acepto las explicaciones de Néstor, a quien se lo vislumbra poco ducho en el arte inmobiliario. Me despido y así descarto la opción 3.
Candidato 4: Tu eres para mí lo que siempre soñé
El domingo andaba comprándome algo sabrosón en el supermercado y cual anunciación virginal sonó mi feo celular. Atendí y resultó ser un tal Francisco, que tenía una llamada perdida mía. Y a mí qué, le estaba por contestar, cuando escucho la palabra mágica: Los Yoses. Ese barrio me puede y como siempre es lindo poder querer, hablamos y quedamos en que iba a ver su opción el lunes tempranito. La cosa es que el lunes tempranito no pude ir, pero sí pude al mediodía y fui así que me enamoré: una casa enorme, con un living enorme, blanco, cristalino y minimalista. Todo lo que desearía un yuppie de los '90. Porque tampoco es cosa de andar pretendiendo ser un burgeois bohème en medio de tanta malaria arquitectónica. El megaliving es común para todos los inquilinos, que son pocos y tienen un cachito de departamento para cada uno: habitación, baño y una cocina-microliving, todos nuevos y razonablemente lindos. Caro a 550 dólares, pero no está mal la opción de 2 habitaciones por 600, si consigo a alguien para compartir. Lo único decadente es el yanki que veo tirado en un sillón de cuero blanco, todo tostado y con una musculosa, luciendo sus numerosas canas, arrugas y musculos desvencijados, contando en su limitado y monocorde casteiano que lous de al ladou han mudadou y pareceu que soun iranies. La opción 4 picó en punta.
Candidato 5: Oh Tiquicia...oh...
Ese mismo mediodía tenía cita también en Los Yoses para ver un departamentito a 350 dólares. Confirmada la hora y el lugar: una de la tarde, destrás del Quiznos Sub, casa azul con rejas. Una, una y cinco, una y cuarto. Nunca jamás apareció. Nunca jamás me llamó para disculparse o aclarar. Nunca más opción 5.
Candidato 6: La señora de
Hablo con Liliana Álvarez de Beige y le propongo ir a ver el departamento el mismo lunes a las siete y media de la tarde. Me pregunta si conozco el Centro Cultural Mexicano. Nop. ¿La iglesia de la Merced? Nop. Pregunto si es cerca del Kentucky Fried Chicken de Los Yoses. Me dice que sí con un dejo de duda. Como un imbécil no sigo ese rastro de duda y acepto su sugerencia: "todos ahí conocen al Centro Cultural Mexicano. Nos vemos en la puerta". Llego al Kentucky y pregunto a unos tres transeúntes y ni uno lo conoce. Re caliente, llamo a Liliana y no contesta. A los 5' me llama Liliana y me dice que no me ve. Pregunta si estoy perdido. Le digo que sí, pero que estoy donde ella me dijo que era cerca. Me pregunta si no conozco mucho la zona. Le digo que evidentemente no. Me pregunta si conozco el Automercado de Los Yoses. Afirmativo. Me pregunta si conozco el negocio de surf Arenas que está cerca. Le digo que sí. Quedamos en encontrarnos ahí. Camino: es BASTANTE lejos. Paso frente al Automercado y me tocan bocina. Se ve que es la susodicha. Le digo que ese no es el Arenas. No se inmuta. Es una vieja bianuda que vino con la yikze. Me hace subir a su Subaru y me dice que antes de mostrarme el departamento me tiene que hacer unas preguntas, porque ella solamente le alquila a gente de bien. Mientras me seco la transpiración, hago lo imposible por contener unos irresistibles deseos de degollar a Liliana Álvarez de Beige. Me pregunta dónde trabajo. Cuántos empleados tiene la compañía. Si voy a misa todos los domingos (mentira, pero lo pensé). Si hago muchas fiestas en mi casa. Si me llevo bien con los misioneros, porque el resto de los departamentos que tiene se los alquiló a misioneros. Me lleva a verlo, finalmente. A estas alturas sólo pienso en mearle el auto y salir corriendo. Lo veo. Ni siquiera es lindo. 750 dólares, 3 habitaciones. Chau.
Para coronar al campeón solamente resta encontrar un compañero y ya hay candidata: Claire, la reemplazante del bueno de Clemente en la Cámara de Comercio Franco-costarricense. Hoy fue a ver a candidato 4 y le gustó. Todo se encamina. Julieta acaba de redondear la decisión: hace ya una hora que terminé la cena y todavía siento encaramado a mi esófago el gusto del pescado paposo que me dejó para que recaliente. Puedo soportarlo todo, menos la tentación y el pescado paposo.
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