domingo, mayo 10, 2009

Nubes

Es levantarse


una vez


otra


y otra


Es caerse


sin viento


es temblar


sólo por dentro


Es domingo


cada día


y lunes


cada infierno


Es un túnel


vertical,


angosto


y sin pared alguna


Es otra vez lo mismo


otra


de nuevo


caer


sin red


sólo


sin red


con brazos


pero sin red



jueves, abril 09, 2009

Un país en sintonía

Qué lindo es el fútbol. Agarré el diario recién. Parece que el MAS (i.e. el partido de Evo Morales) quiere ser hegemónico, usa métodos clientelistas y no establece reglas claras de juego, lo que ahuyenta a los inversores y crea un clima enrarecido de negocios. Sin embargo, la crisis mundial se le vino encima y nada pudo hacer su líder con su carisma para evitar que la misma afecte al país. Al parecer el no contar con un plan serio y a largo plazo, sumado a los violentos rencores, casi personales, que mantienen sus líderes con la oposición, les impidió buscar los consensos necesarios para encarar el difícil momento tal y como el país lo necesitaba. Por suerte la gente de escasos recursos está empezando a darse cuenta que en su momento les vendieron espejitos de colores y que lo que realmente necesita Bolivia es una democracia genuina y verdadero respeto por las instituciones. Qué cosa con los que mueven al menos un cachito el avispero...todos la misma basura, viejo, todos.

Aeropuerto

Estoy en el aeropuerto de Cochabamba. Son las siete menos cuarto de la mañana y, como no desayuné, fui a lo más parecido a un drugstore que acá dentro. Miré en la heladera y me dije: "hora de un yogurcito bebible". Agarré mi botellita y recordando sabias palabras de mi madre desconfié de la cadena de frío. "Esto es un aeropuerto", pensé. "Público internacional, estándares internacionales". De repente, una epifanía: decidí mirar el vencimiento. Vencido hace cinco días. Cinco. 5. CINCO. Un yogurt. Con la botella en la mano me di media vuelta, miré a la viejita que atiende el local y le conté, entre apesadumbrado y ofuscado, la mala nueva. La vieja, siempre mirándome a los ojos, me dijo que sí, que estaba vencido, que era una pena. Se lo di en la mano. Dijo algo así como uy, qué macana, qué mal, qué cosa esta vida. Me fui. No sé qué hizo con la botella. Tengo hambre. O sed. Creo que voy a por una Gatorade.

viernes, abril 03, 2009

Cientos

Una vez de chico estaba de vacaciones en Mendoza. Estábamos andando a caballo los cuatro. Me acuerdo que mi papá me había explicado, tal vez varios años antes, que el hombre era el único animal que pisaba dos veces la misma piedra. Yo le tenía un poco de miedo a los caballos. Tal vez era la primera vez que andaba a caballo. O la segunda. Veníamos como por un barranco para principiantes y de repente mi caballo pisó una piedra. Zas, me dije. Algo falló. O papá se equivocó o el caballo estaba en las últimas o nunca había hecho ese camino. Ninguna de las tres me dejó tranquilo. Y seguí nervioso el resto de la excursión.


La cosa es que soy persona y como tal me equivoco. Seguido y de formas similares. Y eso no parece ponerme tan nervioso. En la primaria tenía pruebas. No me acuerdo mucho de las pruebas. Apenas tengo unas imágenes en la memoria. Terminando, entre feliz, nervioso y exultante, un examen de geografía sobre las Islas Malvinas en solo 15 minutos. Yéndome erguido al patio a buscar juegos para ermitaños y escuchando a mi maestra avisarme que había hecho solo la mitad de la prueba, que la hoja seguía al otro lado. O tal vez nervioso, achicharrado, orgulloso de estar reproduciendo algo parecido a eso que al parecer hacía mi mamá en los buenos viejos tiempos. En el patio, muerto de miedo y todavía tratando de digerir el té con leche, con mi única hoja de apunte. Avellaneda, que no era lo mismo que Mitre. Sarmiento. Tal vez Urquiza, pero no me suena. Un miedo de locos. Y seguro que me fue bien, pero de eso no me acuerdo. Y ese es el punto.


Y vino la secundaria. Primer año. Mi primer gran crisis. Miedo y más miedo. Mi papá venía hasta Almagro a almorzar conmigo. Lloraba en casa. Me golpeaba la cabeza contra la pared. Temblaba de miedo. Lloraba. Mucho. Un lugar enorme, desconocido, lleno de gente. Historia, matemática, lengua. Toda gente muy inteligente, locuaz. Yo haciendo lo que podía. Y el miedo un poco se iba cuando me ponía a pensar. Y de repente llegaron las primeras pruebas. Mucho no me las acuerdo. Sí me acuerdo del primer boletín. Creo que tuve como ocho o nueve 10. Indignante. Y los años se sucedieron. Trimestre tras de trimestre. En cada trimestre, si mal no recuerdo, había dos pruebas. O una tal vez. O sea, un montón de pruebas. Y en cada una, sea de lo que sea la prueba, mis nervios se trituraban. Historia Judía, Natación, Biología. Esta vez me iban a reventar. Leía, leía, leía. Y todos en la división venían a preguntarme. Y siempre, siempre, siempre me iba bien. Y así terminó la secundaria.


Y vino la universidad. Y esta vez, estaba seguro, iba a ser malo malo. Acá estaba rodeado de gente que sabía muchas cosas. Gente que sabía manejar sus nervios. Y yo no lo iba a lograr. Y llegaron los primeros parciales. Del CBC. Y estudié. Y sufrí. Mucho. Me acuerdo de las sesiones en terapia. Sufriendo. Casi llorando. Implorando. Que esta vez me vaya bien. Este profesor me odiaba. Esta vez no había entendido bien. Ese día estaba poco concentrado. Me dolía un poco la cabeza. Hacía demasiado calor. Había comido pesado. Esa vez me iba a ir muy mal. Y sufría. Mucho. Mi estómago se comprimía. El suspenso me mataba. Hasta que me daban la hoja con las consignas los nervios masticaban mi esófago. Así, crudo, como vino al mundo. Y de repente, el milagro. Me daban la hoja y la leía. Todas las consignas. Eran fáciles. Se habían equivocado, pero me iba a aprovechar. Ja. Eran fáciles. Era mi día de suerte. Empezaba a escribir. Mucho. Hasta que me dolía la mano. Y estaba nervioso hasta la entrega de notas. Bastante. Me había ido mal a pesar de que era fácil. No había aprovechado la oportunidad. Estaba poco concentrado. Tuve fiaca. Mea culpa. Redacté de forma confusa. Me salteé pasos en la demostración. No leí toda la consigna. Siempre igual. Mentira, nunca me había pasado eso. O tal vez alguna vez. Pero siempre es nunca y nunca es siempre y mi estómago se hacía bolita. Y me daban la nota. Y otra vez diez. Y me olvidaba. Cabeza fresca. Vamos a comer algo. Nunca una lección aprendida. Nunca. Nunca.


Hoy llegué con lo justo al aeropuerto. Por diez minutos. Mañana doy un curso. Estoy muy nervioso. Seguro sale mal. Como siempre. Como nunca.



jueves, marzo 05, 2009

Piove, governo ladro

Hoy estaba en el subte. Scalabrini Ortiz. Canning para los amigos. Me subo y no arranca. Uno, dos, cinco minutos. Impaciencia en el vagón. Casi mediodía: importante cantidad de pasajeros de edad mediana o superior. Los miro, los escruto. Y un viejo de boina rompe el silencio. "En 1920...", comienza. Veo el bolso que lleva. Algo sobre un congreso de investigadores escrito en francés. Intuyo un interesante comentario progre. "En 1920...cuando asumió Mussolini...la cosa estaba así de mal". Caramba, este muchacho no debe ir seguido a Aldo Bonzi. "Así que en cualquier momento acá aparece un Mussolini. Esperemos que sea uno de los buenos, como allá". "¡Eso, eso!", le festeja su vecina de arrugas varias. La de enfrente pregunta: "Pero nosotros...¿Nunca tuvimos un gobierno bueno bueno?". "Claro", contesta el viejo. "Frondizi", dice con claridad. "¡Está muerto!", contesta una octogenaria que se agarraba de una baranda. "El otro que fue bueno bueno fue Aramburu", aclara el viejo de la boina. "¡A ese lo mataron!", se enorgullece la señora de la baranda. "Por ser un señor", aclara el viejo. "Seguro que esto lo hizo Moyano", piensa en voz alta su partenaire. Y sigue sola: "Acá lo que hace falta es empezar a cortar cabezas. Habría que matarlos a esos...¡A todos!". Y en un tutti conmovedor y cristiano casi todos concuerdan, elevando la voz cual coro celestial: "ay...es que es un país tan hermoso, con tantas posibilidades...lástima que lo arruinan."
"Señores pasajeros, les comunicamos que la línea D prestará servicio únicamente hasta Plaza Italia por un accidente en la estación Palermo". Haga patria, odie al gobierno. Y me levanté y me fui...resoplando.

miércoles, marzo 04, 2009

Río

Llueve. Bastante. Puse a Bach tocado por Glenn Gould. Y la mañana fluye. Como gotas que caen, una detrás de la otra. Bach es simple y complejo. Son notas nomás, que caen. Una detrás de la otra. Como lágrimas. Como las tuyas. Como las mías.



domingo, marzo 01, 2009

Zap Zap

Descubrí que hago el equivalente del zapping con internet. No me gusta y trato de evitarlo.

lunes, febrero 23, 2009

Retomando ritmo

jeje

camion_chocado_1_.jpg

jueves, febrero 19, 2009

Inicios

Me duele la cabeza. Está amaneciendo. Vero duerme al lado mío. Suena el tren de fondo. Y no tengo mejor idea que ponerme a escribir algo. Otra vez.


Volver tal vez no sea más que seguir avanzando. Así que seguimos siguiendo. La cosa avanza. Creo. Probemos.



lunes, diciembre 22, 2008

Blog cerrado por depresión


Autor en recuperación. En breve retornará este jornal. No sólo en cines.

lunes, noviembre 10, 2008

Tengo miedo, nene

Hoy fue el primer día de curso. Salió bastante bien. Mi plan era nadar en la súper pile, pero de fondo hay una tormenta eléctrica que mamita, así que mejor me quedo en la habitación.



domingo, noviembre 09, 2008

Paciencia

Aparentemente para algunas cosas tengo mucha paciencia. Para otras no. Internet anda lento o no anda. El aire no logra enfriar la habitación y el tipo de mantenimiento sube sus hombros, sonríe y dice que los aparatos que compraron son demasiado chicos para el tamaño de la habitación. Nadie sabe dónde va a ser la clase de mañana. No me dejan ver los salones de entrenamiento hasta el lunes. No logro hacer llamadas locales. Hace más calor en la habitación que afuera, donde hace mucho (MUCHO) menos calor que en Buenos Aires en Diciembre. Los de la recepción hablan peor inglés que yo portugués. No hay señal de internet en la pileta. Cuando uno está de turista el foco está puesto en la playa, los museos, las pirañas, la comida, el clima, la nieve, el paisaje, las fotos. El hotel es un detalle. Cuando uno viene a trabajar el hotel es su mundo. Y a 170 dólares el día este es un mundo demasiado caro para lo que ofrece. Salvo por la vista y la pile que, ditto, son de puta puta madre. Estoy en la habitación, transpirando. Voy a por la 5ta ducha del día. C'est la vie.