martes, abril 22, 2008

Remera

¿Cuántos clichés se pueden decir por minuto? Mis vecinos de atrás en el avión. Hablan fuerte.


"Son resentidos". "Este es un país espectacular, pero lo arruinamos". "Es el peor peronismo". "Tengo Ámbito acá, lo quiere leer?". "Es una picardía que echemos a perder esta oportunidad". "Sí, tengo varias empresas. Sí, por suerte me va muy bien. Sí, gracias a Dios". "Ah, sí, mi hija se fue a estudiar a Miami. Y sí, allá saben cómo hacer las cosas". "Ay, sí, es fanático del surf mi hijo. Se fue a México, a Hawaii. ¡Le encanta!". "Los peronistas son así". "Yo la voté a Lilita". "Por suerte no lo voté a Lavagna, que se vendió". "Son intolerantes". "Qué bueno el suplemento cultural de La Nación". Creo que para estos viajes me voy a hacer una remera que en el medio diga bien grande "Soy kirchnerista, ¿Y qué?". O tal vez un seco "gracias Néstor".

Cosas que me gustaría estar haciendo ahora


  • Nadar (mejor al aire libre)


  • Hacer nada y no criticármelo


  • Ponerme debajo de una cascada bien fría


  • Acostarme y que la almohada se quede fría


  • Estar en un lugar ventoso


  • Comer una ensaladita tipo Caprese


  • Acariciar a un perro (mejor cachorro)


  • Quemar la Gente que está leyendo la mina que está delante mío


  • Algún otro acto de intolerancia del mismo ramo


  • Abrazar a mi madre, mi padre o ambos


  • Tomar un licuado de manzana verde (bien frío)


  • Gritarle a Cristina que se deje de romper las pelotas y ponga un seguro universal a la niñez con la guita de las retenciones


  • Sonreír (no se puede cuando uno está sólo)


  • Jugar al fútbol (cinco, claro)


  • Estar en un lugar lindo con linda luz y sacar una foto que me guste


Iba a poner tomar un vaso de agua, pero eso puedo. Así que dejo de escribir, me levanto y me tomo uno. En el barcito ese que vende sánguches a 18 pesos creo que te dan agua sin gas si pedís.



Otra

Otra vez a volar. Otra vez Ezeiza. Otra vez armar valija. Otra vez compartir colas e incomodidades con gente a la que le cuesta pronunciar la ye. Otra vez combinaciones y combinaciones en aeropuertos y aeropuertos. Lo que voy a hacer me gusta, pero estoy cansado. Bastante cansado. Anteayer y hoy tuve sendas tremebundas migrañas. Cada una fue como una trompada de welter junior. Pero calma, que el sabio no se aborrece.



jueves, abril 17, 2008

Continuose

Esto es el acabose. Está toda la casa gris, con visibilidad reducida a 2 metros y con un olor a quemado que no es de tarta olvidada en horno.

Sombras y niebla...bah, humo

Hay algo que no entiendo de todo esto...¿Cómo puede ser que en los más de doscientos años que tiene la agricultura en la Pampa nunca de los nunca jamases el viento haya soplado justo para este lado mientras quemaban pastisales? A mi no me engañan, viejo, estos son los brazucas que nos están por invadir...

lunes, abril 14, 2008

De más está decir

No pregunto, pero me imagino que todos los lectores de este blog clickean religiosamente en los cartelitos de la derecha cada vez que visitan. ¿O no?

Peso

Me pesan los párpados. Bastante. Estoy, lo que se dice, hecho mierda. Muy cansado. Deben ser los viajes. Tal vez repasar sirva pa levantar mi propio peso. O tal vez no, pero me divierte. Va sin fechas, pero más o menos empezando en Diciembre del año pasado, sin contar escalas ni tours de un día:



  1. San José


  2. Buenos Aires


  3. Barcelona


  4. Marrakesh


  5. Zagoura


  6. Marrakesh


  7. Barcelona


  8. Viena


  9. Freiburg


  10. Barcelona


  11. Toulouse


  12. Barcelona


  13. Roma


  14. Villa D'Agri


  15. Rieti


  16. Freiburg


  17. Heidelberg


  18. Mainz


  19. Frankfurt


  20. Freiburg


  21. Barcelona


  22. Alghero


  23. Castelsardo


  24. Oristano


  25. Barcelona


  26. Bremen


  27. Rostock


  28. Hamburgo


  29. Langenthal


  30. Barcelona


  31. Buenos Aires


  32. San José


  33. Buenos Aires


Es bastante. Pero las adicciones son así, perennes por naturaleza.


martes, abril 08, 2008

Así

Y de repente

me descubriste

que una sonrisa hermosa

puede ser lágrima

Lágrima tuya

y lágrima mía



Que un día es largo

Larguísimo

Que las noches

no se cuentan en horas

Y que no hay similitud más hermosa

que la que no se entiende



Porque hoy no termina

de sólo pensarte

Porque no veo ya casi

grises azules

Y porque lo efímero, si hermoso,

dos veces efímero

y dos veces hermoso

viernes, marzo 28, 2008

La verdad, la realidad y un fresquete que ni te cuento

En primer plano, el único par de zapatillas que me llevé a Suiza. De fondo, tremenda nevada. Difícil.zapas.jpg



Apostillas viales

Sigo con el tema autos y peatones. En Europa, por lo que pude ver, se invierte la ecuación vial argentina. Los autos son relativamente respetuosos de la señalización y andan con cierta precaución por la vida, temerosos de que algo malo le llegase a ocurrir. Los peatones, en cambio, son un desastre. Cruzan sin mirar, por cualquier lado, charlando, con y sin semáforo, cagándose en general en cualquier regla al respecto.


El otro punto que me sorprendió en Europa es la cantidad de calles peatonales. La diferencia es simple y casi corporal: la ciudad vuelve a ser propia; salir de la casa no lo pone a uno a la defensiva; casi que no hay que gritar para charlar con alguien; los niveles de histeria bajan y bajan; y todo por unas cuadritas de nada. Cada vez me quedan menos dudas que el Microcentro entero debería ser sólo para gente que se mueve en dos pies.peatones.jpg

martes, marzo 25, 2008

Campeón

Resulta que una vez, como en Octubre del año pasado, decidí meterme en una competencia de nado abierto. Venía yendo bastante seguido a la pileta y me dieron ganas de probar eso del agua salada y con olas. Tanto física como espiritualmente estaba bastante en bolas.


No éramos muchos competidores. Principiantes creo que solamente quien suscribe. Así que pedí consejos a quien parecía saber: tomé mucho Gatorade antes de empezar y precalenté imitando a un par de forzudos con rostro confiado. Y dieron la largada. Y nadé y nadé. Y al ratito no dí más. Y alcancé a levantar la cabeza y el pelotón andaba como por Corea del Sur. Yo, después de una ardua batalla contra mi panza llena y el agua salada, llegué a la primer boya. Una proeza. Me quedaban dos. El circuito era un triángulo marcado con tres boyas panzonas y bien rojas. La segunda quedaba como a días de distancia. Pero con amor propio y un poco de perrito en los momentos cumbre, llegué. Y decidí hacer solamente una de las dos vueltas que correspondían a mi categoría: principiante. Los hombres de verdad hacían cinco vueltas. A la tercer boya llegué como se debe: sin pensarlo demasiado. Tal vez me quedaban piernas y pulmones para una segunda vuelta, pero preferí seguir habitando esta tierra, así que salí.


Gritos y aplausos. Flashes, felicitaciones y vítores. Y un grito, invitándome a pasar por la llegada, que era una especie de arco de triunfo de gomaespuma. Se me acercaron algunos chicos y me palmearon, incrédulos de poder tocar al ídolo. Me sentí un Apolo. Un Mark Spitz. Un semidios. Y me dí cuenta, me di vuelta y aclaré con unos gritos que no había llegado primero a velocidades supersónicas. No, había abandonado. Mi popularidad cayó en picada y me tiré en una reposera a recuperar el aliento. A los quince minutos de fama no llegué, pero qué buena la foto, eh.