
Fácil, pensé. Le pongo un poquito de pan al lado de una ventana y zas, lo guío en un tris hacia la libertad y más allá. Minga. O el bicho no tenía hambre o el pánico podía más o los pajaritos no tienen tan buen olfato como yo me imaginaba. Ni bola al pancito. Así que me decidí por el plan B. Acercarme con cara y pose de monstruo, para asustarlo y que se vaya para el lado de la ventana. Diez minutos corriendo como un salame y lo único que logré fue que entre a mi casa. Primer paso, ahora así: rumbo a la ventana emancipadora. Veinte minutos corriendo al pajarín de un lado al otro del living, cagada blanca sobre el sillón incluida. Ya resignado, decidí irme a dormir, dejar un pancito al lado de la ventana y dejar que el instinto y el relax guíen a la criaturita hacia la felicidad.
O el amigo tenía poco que recuperar allende la ventana o durmió de lo lindo en el marco del espejo. La cosa es que esta mañana estaba ahí, mirandome detrás de su respiracioncita entrecortada. El pan ya no estaba ahí. Así que decidí adoptarlo nomás y tener una mascota. Creo que de niño tuve alguna vez un canario. Este no sé qué modelo es, pero tiene nombre y es Horacio. ¿Alguien sabe si hay algo mejor que el pan integral para dejarle de vianda durante el día?
5 comentarios:
A mí me gustan con mostaza
A mí me gustan en sombreros
a mí me gusta la madera
Les gusta el alpiste, el sésamo, la amapola y cualquier otra semillita El pan,y los cereales integrales en general, "aflojan", digamos, el intestino. Tenélo en cuenta por el sillón.
Bellísimo el relato, por cierto
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