
miércoles, noviembre 28, 2007
Chamuscado

sábado, noviembre 17, 2007
Historia de dos duelos

Esta mañana amanecí con ansias de renacimiento y me puse a limpiar platos y cocina. Hice yoga. Recogí basura y un poco barrí. Limpié el inodoro y me pegué una ducha. Y fui a cerrar la bolsa de basura. Y vi un triangulito negro en el piso. Y me estremecí. Y descubrí el resto del triangulito y lo vi a Horacio. Sus ojos abiertos y una patita aplastada. Contuve la respiración, lo tomé en mis manos y lo metí en la bolsa que acababa de cerrar. Y lloré. Lloré por perder a Horacio, otra vez.
jueves, noviembre 15, 2007
Horacio

Fácil, pensé. Le pongo un poquito de pan al lado de una ventana y zas, lo guío en un tris hacia la libertad y más allá. Minga. O el bicho no tenía hambre o el pánico podía más o los pajaritos no tienen tan buen olfato como yo me imaginaba. Ni bola al pancito. Así que me decidí por el plan B. Acercarme con cara y pose de monstruo, para asustarlo y que se vaya para el lado de la ventana. Diez minutos corriendo como un salame y lo único que logré fue que entre a mi casa. Primer paso, ahora así: rumbo a la ventana emancipadora. Veinte minutos corriendo al pajarín de un lado al otro del living, cagada blanca sobre el sillón incluida. Ya resignado, decidí irme a dormir, dejar un pancito al lado de la ventana y dejar que el instinto y el relax guíen a la criaturita hacia la felicidad.
O el amigo tenía poco que recuperar allende la ventana o durmió de lo lindo en el marco del espejo. La cosa es que esta mañana estaba ahí, mirandome detrás de su respiracioncita entrecortada. El pan ya no estaba ahí. Así que decidí adoptarlo nomás y tener una mascota. Creo que de niño tuve alguna vez un canario. Este no sé qué modelo es, pero tiene nombre y es Horacio. ¿Alguien sabe si hay algo mejor que el pan integral para dejarle de vianda durante el día?
miércoles, noviembre 07, 2007
Taxi

Mejor/más lindo en San José:
- Color: rojo, mucho más onda que el luctuoso negro y amarillo porteño
- Tacheros: mucho más simpáticos y pacientes
- Ubicación: si uno viaja solo, va en el asiento del acompañante
- Viajes cortos: durante todo el primer kilómetro se cobra solamente la bajada de bandera
- Onda pistera: muchas calcomanías, caños de escape recortados, calcomanías que parecen agujeros de balas, luces de neón bajo el chasis...en fin, lo que se dice más decontracté
Mejor/más lindo en Buenos Aires:
- Conseguir uno: los taxis vacíos van lento, por la derecha y con el taxímetro encendido - en San José van rápido, por donde sea y sin ninguna indicación de nada
- Radiotaxis: nada del otro mundo, pero en San José los que atienden los pedidos son unos imbéciles
- Vehículos: más cómodos y modernos (y con aire acondicionado!)
- Uso del celular: todo bien con que el tachero hable alguuna vez por teléfono...pero en San José es enfermante - el otro día me subí a un taxi y el tipo habló durante todo el viaje con la esposa...primer frase apenas me subo al auto: "¿Pero probaste hacerlos en salsa alguna vez o siempre fritos?". Creo que eran hongos.
Diferencias, solo diferencias:
- Peligro de muerte: muy peligroso en ambos lados, aunque por razones diferentes - en Buenos Aires por la velocidad y zigzagueo infernal & en San José por la de cruces de rutas sin semáforos ni puentes ni nada
sábado, noviembre 03, 2007
Solamente solo

El expatriado cambia de grupos de amigos como de piel: una vez por semestre. Pero este octubre hubo emigración repentina y volaron hacia el norte todos los amigos que tenía: Doménico, Camila, Audrey y Claire, mi compañera de habitación. Y con los que quedaron hay una total ausencia de química. Incluyendo, o sobre todo, a Florent, mi nuevo colega habitacional.
Tal vez no sepa estar solo. Raro. De chico pasaba tardes y tardes sin otra compañía que la de los He-Man, mis libros de mitología griega y el ruido a encerado de piso de la empleada de turno. Pero eso era durante la semana. Sábado y domingo se oscurecía el panorama: 50 kilómetros a puro conurbano y estábamos en el country. Y ojo que no haya sido un día lindo. Cada vez que mamá o papá pasaban al lado mío iban a repetir, incansables, que cómo me iba a quedar encerrado, con lo despejado que estaba el cielo. Eso, traducido por mi cerebrito intolerante, era un claro "deberías tener amiguitos y ser feliz". Y así, veinte años más tarde, me martirizo y me martirizo por quedarme un sábado y un domingo sentado en la cama, mirando películas y comiendo ensaladas de alcaucil y pejibaye. Aunque de a poco creo que me estoy educando. Más tarde que temprano y a los tumbos, se puede aprender a estar solo.
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