
Siempre, siempre ponerle la tapa a la licuadora. Aunque haya solo un poquito de líquido y se elija la velocidad más tranqui de todas. Siempre.
Do I have an original thought in my head? My bald head. Maybe if I were happier, my hair wouldn't be falling out. Life is short. I need to make the most of it. Today is the first day of the rest of my life. I'm a walking cliché. I really need to go to the doctor and have my leg checked...
Padre y yo acabamos de estar en el acto en Plaza de Mayo. Ambos bastante contentos de haber ido.

A ver. Acaba de terminar el discurso. Las retenciones al Congreso. Yo que sé, ta bien. Van a discutir un rato y al final el PJ va a votar a favor y listo. No es gran cosa. De todos modos, me gusta como habla. Me gustó mucho que haya dicho lo de los decretos. Pero faltó punch. Faltó que diga: "ah, y suben las retenciones a la minería y a la pesca. Ah, y el señor Luis D'Elía no pertenece a este gobierno y quisiera que no le den más prensa. Ah, y el tren bala se cancela y con esa guita abrimos comedores en 200 villas. Ah, y la CTA va a tener personería en dos meses. Ahh, y el lunes se viene la nueva ley de radiodifusión. Y me olvidaba: todos los viernes voy a dar una conferencia de prensa". Ahí sí que me hacía la remera. Los cacerolazos, el "sentido común", la "gente", todo eso me tiene harto. Sabatella dijo que mañana va al acto. Yo tal vez. Lo que más me rompe las bolas es la impaciencia. Si el semáforo de la otra calle se puso en amarillo, el tachero de atrás te hace luces. Si el 10 da un pase mal, lo puteamos todos. Si un presidente es malo, lo cambiamos. Así, ya, que no puedo esperar.
De la Rúa era un desastre, pero me acuerdo que lloré cuando renunció. Cristina para mi gusto es muy lenta y poco novedosa. Y maneja muy pero muy mal su imagen. Se compra vestiditos, mueve el flequillo y hace caritas cuando habla, deja ministros dudosos, defiende proyectos dudosos. Habla de redistribuir, pero cuesta que se le caiga una medida en ese sentido. Y se hace la pelotuda con la inflación dibujada. Y todo bien si la dibuja para pagar menos intereses de la deuda, pero que al menos haga algo para cambiar esos bonos que inventó el salame de Tito. Encima es peronista. Ese ser de mil cabezas que crearon los imbéciles dueños de este país al prohibir un partido político durante 18 años. Ese engendro que aprendí a detestar de niño y que no para de mutar. Esa cosa llena de gente con camperas de cuero y bigotes anticuados. Esa maquinaria que tiene bombos, choris y cocas. Pero también eso que fue lo único que logró alguna vez en la historia de este país que cambie la matriz productiva y redistributiva. Los radicales, bien gracias. Don Hipólito no cambió ni una coma del país que le dejaron. Mucho menos Marcelito T. Encima los otros se cansaron de esperar y le espetaron un golpe a los dos años. Y después el fraude. Y después de la cañonera rumbo al Paraguay sólo mequetrefes o milicos. Frondizi parecía que tenía onda y se lo comieron crudo entre planteos y capitostes. A Illia se lo llevaron puesto entre todos. De nuevo milicos. La imbécil. Milicos de nuevo. Raúl, que amagó con hacerse el loco con Grinspun y del FMI lo mandaron a freír churros. Después Carlitos. El otro día leí su biografía. Un capo. Más de un testimonio revela que cuando le hablaban de economía o política, el amigazo se aburría y garabateaba la formación de River en un papel. Y encima el monstruo de mil cabezas se inclinó a sus pies. Y después vino Néstor. Yo que sé, el tipo es bastante impresentable, pero teniendo en cuenta que somos casi un país bananero del culo del mundo, creo que fue el mejor presidente democrático de la historia. Esta mina recién empieza. No es impecable ni mucho menos. Se manda cagadas. Pero la vida es así. Casi lo logran, pero todavía no soy opositor. Tal vez vaya mañana. Tal vez.

Hoy hay cadena nacional. Ambos bandos me tienen con las bolas por el piso. No me los banco. Menos a "la gente" y a "los del campo" , pero el Gobierno está haciendo un enchastre atrás del otro. Es indefendible. Espero que sea punto de inflexión, al menos en mi postura: si esta mina anuncia retenciones más altas para la pesca y la minería y su uso para un ingreso universal para la infancia o algo por el estilo, se gana mi apoyo. Casi que voy a la plaza el miércoles si hace falta. Si dice que basta de golpistas y que tiene aguante, creo que por lo menos tiro a la mierda la remera que nunca me hice sobre mi filiación kirchnerista y le pido a Sabatella que asuma. Duhalde dijo recién que "tiene una responsabilidad que no puede eludir". Y yo soy Brigitte Bardot.

A ver. Es inevitable: este blog pierde sentido si vivo donde vive la mayoría de los lectores. Creo. Pero bueh. Sigo. Porque sobre todo el blog es para mí. Hoy soñé que volvía al analista. El tipo vivía en una especie de penthouse todo lujoso. La sesión duraba dos minutos y casi no me daba bola. Llegaba la esposa, me quería cobrar y yo le decía que sólo tenía euros. Ambos me miraban con cara de circunstancia y me decían que no, que con euros se les complicaba pagar después sus clases de canto. Que yo era muy distraído y que me esperaban mientras bajaba al cajero. Ah, y que la sesión había aumentado: 220 pesos ahora. Sí, como el voltaje. Y de repente entró el hijo de mi analista, muy canchero él, y dijo no sé qué de su casa en Londres. Yo me sentí tan chick como pelotudo.
La cosa es que anduve buscando inmueble. Que compro, que alquilo, que permuto. Conocí lo justo y necesario a la infausta fauna inmobiliaria. Bibiana, Clotilde, Patricia, Axel. No se salva ni uno. Y al final alquilé. Al bueno del señor Segovia. Para eso tuve que ir a una escribanía a firmar el contrato. Nadie me saca de la cabeza que la secretaría del escribano es antisemita. Me recibió con cara de orto, me miró con cara de orto cuando le pedí un vaso con agua (que nunca me dio), me dijo con cara de orto que eso no era un fotocopiadora cuando le dije que no tenía hecha la fotocopia del DNI, dijo con cara de orto "ah, creí que ya lo habían leído" cuando Padre y yo decidimos releer el contrato antes de firmar y después se puso a charlar a viva voz con el señor Segovia sobre qué barbaridad esto del campo. Cuando le dije a Patricia que no me gustaba que el señor Segovia se haya negado a la fantástica cláusula anti-inflancionaria que había propuesto Padre, ella contestó dulcemente: "pero es lo único con lo que no está de acuerdo". Claro, era lo único que le había pedido. Y agregó: "no te preocupes, son buena gente...son del interior".
Ahora ya estoy en el nuevo departamento. Es sobre Dorrego, que es mucho más progre que Lavalle. Y comienza la etapa de autocrítica feroz. A pesar de estar en un piso 15 se escuchan los bocinazos, las ambulancias, los arranques y las frenadas. Y un ruido medio voraz, que puede ser de tren o de avión. La ciudad te envuelve con su manto medio marroncito, medio azul, pero siempre atronador. Y hablando de tronar el escarmiento, el otro día me hice la lesión más imbécil que recuerde: quise patear un penal con toda la furia y apenás si rocé la pelota. Me hice mierda la pierna y me gané un buen coro de carcajadas. Qué lo parió, voy a tener que poner música. Hay alarmas, ambulancias, ascensores. Un día de estos me mudo al campo. Y ahí sí que truena el escarmiento.
No tengo idea
me agarra
sobrevuela
y sin detalles
sonríe en un bar
Mira con ojos ajenos
a gente ajena
Y sin embargo
debería ser mi historia
Me perturba porque debo
pero no sé ni cómo
Me acucia porque debí
y ni quise ni pude
Pero no soy ceja sensual
ni reflejo que oscurece
Siga, sigo, que otra no queda
Acá o donde sea

Una vez volvía de un curso por el centro. Florida al 100, de noche, casi las diez. Y caminaba como para llegar al subte, muy sobre la hora. La calle desierta. Y aparece un tipo, que camina como yo, apuntando a la boca del subte D. Yo apuro el paso. El lo apura un poco más. Apenas si cruzamos miradas. Yo apuro más más. El apura más más más. Le pregunto hasta qué hora hay subte. Mira el reloj y me dice "ya". Casi que empezamos a trotar. Hace frío y no es década de turistas: Florida languidece. Me mira, sonríe y dice por lo bajo: "pequeñas miserias urbanas". Es un tipo de unos cuarenta y pico. Debe ser contador. Llegamos corriendo, bajamos escaleras. Nos recibe un guarda con bigote y sonrisa, en ese orden. Señala el subte, nos subimos, toca el pito, sale.
Hoy tengo lo que en alemán se llama Ohrwurm, o lombriz en/de la oreja. O sea, una canción que perfora mi cerebro. Que lo carcome. Que, como a una pobre manzana embichada, lo inutiliza. Y no es Calamaro ni Mozart. Es una maldita publicidad de Anaflex que pasan en el subte. Tiene un tema horripilante, pseudo-flamenco y de letra indescifrable. Ya no sé cómo suplicarle que me deje en paz. No me duele nada, no voy a comprar Anaflex. Ya podés irte.

Estoy en el avión. En la cola para ser exactos. Esto se mueve y hace mucho mucho ruido. Como a carreta desvencijada. Y sin embargo postulo: este país es una maravilla de lo más espeluznante. Una maquinaria aceitada. Que gotea, pero que produce. Tiene gente y cosas haciéndola andar. Y yo me anduve paseando por los tubos y engranajes de esa maquinaria durante la última semana y pico. Primero New Orleans. Nombres de calles en francés, un tranvía ruidoso e ineficiente y música en la calle. A pesar del ambiente, se confirmaba la primera de mis leyes sobre Estados Unidos: la gran diferencia entre sus ciudades es el clima. La gente habla como en las películas, hace permanentemente ruidos como "wheeeee" o "whooooo", come mucho y muy pesado, apenas sobrevive sin un auto, no incluye temática no norteamericana en sus conversaciones, usa ropa básicamente reluciente aunque poco glamorosa, se alcoholiza de forma ordenada y repentina, usa acrónimos hasta para lo más nimio de lo nimio ("OJ" para el jugo de naranja es tétricamente eficiente), pasa entre etapas (generacionales, espirituales, laborales) sin medias tintas, idolatra en grandes catedrales lo que sea que pueda ser cambiado por dólares, mira a escondidas a sus congéneres, es oriental, negro, blanquito y todo al mismo tiempo, huye de los ambientes que denoten el paso del tiempo, cubre sus cabezas con gorras, sonríe interminable y unilateralmente desde sus rosados y cachetudos rostros y, eso sí, barnizan su violento fervor militarista y brutal con algo de swing y un poco de brillantina.
En New Orleans hace calor y te abraza una humedad que para qué te cuento. Su principal atractivo es inefablemente atractivo: Bourbon Street tiene restaurantes de ostras, bares con blues y cabarulos sin maquillaje. Por la calle caminan centenares de ciudadanos y ciudadanas dispuestos a carnavalizar su escapadita de fin de semana. El exceso es aquí y ahora y nada de andarse con chiquitas. Los chicos compran collares chinos, se los dan a las chicas y ellas muestran uno de sus pechos a cambio. Litros de alcohol mediante, la transacción suena coherente y se transmite sin incidentes de generación en generación. Las fuerzas de la ley median ante algún eventual exabrupto. Las blackberries recuerdan realidades por venir. Los camarones con salsa barbacoa le dan el toque autóctono al ritual proteico nuestro de cada día.
Y después vino Miami, donde también hace calor y hay humedad, pero no tanto ni tan feo. En Miami sonríen el sol, el mar y los labios con colágeno. Y se repite ad infinitum esa regla que parece permear cuanto más yanki (¿primer-mundista?) es una sociedad: la cosa es barata, la gente es cara. Un auto, dos. Ford, Toyota o Porsche. Medium, large o extra-large. Cuestión de sacar unos pesos más de la billetera, pero todo está al alcance del ciudadano medio. Se puede ser estacionador de valet-parking y relucir camioneta ultimo modelo. La cotidianeidad hierve de créditos, descuentos, promociones, liquidaciones, novedades y combos irresistibles. Las señoras de sesenta pasean con idéntico orgullo sus enormes glúteos y sus diminutos perros. Incluso en carritos rosados de bebés. No exagero, lo vi. Bueno, sí, yo siempre exagero, pero ya deben estar acostumbrados a estas alturas.
La cosa concluyó en Palo Alto, que está cerca de San Francisco. Estuve en casa de Tobias y familia. Otra costa, mismas hamburguesas. Ya sé, ahora van a decir que soy un desagradecido, pesimista y cultor de mitades-vacías-de-vasos. Tal vez, pero que se entienda que la pasé genial en términos humanos en este viaje. En el laburo en New Orleans con Fede, en Miami con Emi y familia y en Palo Alto con los excéntricos Mayer. Pero yo posteo sobre todo para exorcisar lo que se me queda atragantado. Sea. Si no puedo putiar acá, sólo me queda escupir al aire en el medio de los Andes. Y nada más feo que un gargajo al ataque en pleno vuelo rasante.

¿Cuántos clichés se pueden decir por minuto? Mis vecinos de atrás en el avión. Hablan fuerte.
"Son resentidos". "Este es un país espectacular, pero lo arruinamos". "Es el peor peronismo". "Tengo Ámbito acá, lo quiere leer?". "Es una picardía que echemos a perder esta oportunidad". "Sí, tengo varias empresas. Sí, por suerte me va muy bien. Sí, gracias a Dios". "Ah, sí, mi hija se fue a estudiar a Miami. Y sí, allá saben cómo hacer las cosas". "Ay, sí, es fanático del surf mi hijo. Se fue a México, a Hawaii. ¡Le encanta!". "Los peronistas son así". "Yo la voté a Lilita". "Por suerte no lo voté a Lavagna, que se vendió". "Son intolerantes". "Qué bueno el suplemento cultural de La Nación". Creo que para estos viajes me voy a hacer una remera que en el medio diga bien grande "Soy kirchnerista, ¿Y qué?". O tal vez un seco "gracias Néstor".
Iba a poner tomar un vaso de agua, pero eso puedo. Así que dejo de escribir, me levanto y me tomo uno. En el barcito ese que vende sánguches a 18 pesos creo que te dan agua sin gas si pedís.