sábado, diciembre 15, 2007

Plenipotenciario

Estoy sentado, relativamente relajado. Casi tanto que el típico yanki platudo con cara roja, ojos redondos y camisa hawaiana naranja y reluciente no me molesta la vista. Casi. Llaman para abordar a pasajeros de clase ejecutiva y familias con niños. Me levanto. Subo al avión y me dirijo al asiento 2F. Al lado mío hay un tipo con pinta de oligarca de San Isidro. Quiero poner mi bolsito en el compartimiento superior y no queda ni un poquito de lugar. El oligarca poner su mejor cara de pelotudo y yo con asiento de clase ejecutiva y un bolso entre las piernas. Clase ejecutiva. Es sábado a la mañana. Estiro las piernas y no puedo evitar sentirme mersa. Me siento rodeado de oligarcas. Pasa la azafata y nos ofrece un juguito de naranja o agua. Ahora pasa por los asientos. Nos llama a cada uno por su nombre y nos pregunta qué deseamos de desayuno. El señor Zaiment va con huevos poché y jugo de tomate. Veo de reojo el sol que sale. Mi asiento huele y es de cuero. ¿Qué pasó?
Jueves a la noche. Mi última noche en tierras ticas. Corridas bancarias, corridas laborales, corridas. Salgo del trabajo a las ocho. La invitación que hizo Gabriela, la recepcionista de Artinsoft, decía: "Despedida del Che - 8PM". Salgo al trote ligero y me subo a un bondi. Voy a casa, hablo con papá, ultimo detalles sobre mi llegada, me ducho, me acicalo y me monto en uno de los tantos rojizos taxis que pueblan San José. Rumbo a La Esquina. Es mi despedida. Llego tarde, pero tampoco es tan grave. Hay algunos conocidos. Ni muchos ni nadie. Ser el centro de la fiesta me pone en una incomodidad que de a ratitos reconforta. Llega más gente. No hay mucho para hacer en un bar y sin embargo hay bares lindos y bares feos. Se toma y se charla. Y si no hay tema de charla o no se conoce al interlocutor poco importa: el alcohol es el lubricante social por excelencia. Y esta noche estoy predestinado. Poca es la mercancía que se adquiere en el bar y al agasajado mejor que se le regale algo. Un trago en mi homenaje. Otro. Y un tercero. Y ni siquiera siguen un hilo temático, lo que acelera el mareo y complica posteriores digestiones. Y siguen las invitaciones. Y pasan las horas. Mi vuelo sale a las 8:45. Todavía no hice el bolso. El bueno de David me pasa a buscar 5:30. El plan es perfecto: llego a casa a las 4 hecho una pinturita, armo la valija y rumbo al más allá. Casi que lo cumplo a la perfección: llego a casa 3:30. Pero la pinturita es más bien surrealista. Mareos infernales y hasta un vómito riegan mi cabeza. No me puedo mantener en pie. Mucho menos armar una valija. Casi sin pensarlo, me duermo.
Dolor de cabeza. Mucho. Náuseas. Muchas. Y sol. !Sol! Abro la compu y miro la hora. 7:11. Miro de nuevo. Miro. 7:11. No comprendo. 7:11. 7:12. Mi avión, 8:50. David, 5:30. Yo, 7:11. Trato de reaccionar. Mi cabeza ya se mide en toneladas y mi esófago improvisa ritmos tropicales. Me levanto como puedo, trato de desesperarme y entro a meter ropa y demases a puro arrojo a la valija medio abierta. No es Saigón, pero hay que huir. Ya. O peor, hace hora y media. No me lavo los dientes. No limpio el departamento como estaba planeado. Solamente salgo corriendo, con bolsos colgantes y cara de dinosaurio extinto. Llego a la esquina y paro un taxi. Me subo. Le explico: tarde, muy tarde, ya al aeropuerto. La parsimonia del tipo logra desesperarme. Me siento en una película y actúo en consecuencia: le ofrezco 50 dólares si llegamos antes de las 8. No se inmuta. Toma una ruta pésima y caemos en medio de un embotellamiento de proporciones bíblicas. Trato de llorar. Me apreto el ojo y la cabeza. Busco empatía y encuentro ojos vacíos. Pienso alternativas. Media hora que se hizo dos y llegamos. Le doy los 50 verdes y le asigno una misión: ir a Artinsoft a dejar mi celular. Delega de forma eficiente y triunfarás. Y no te olvides de poner el despertador.
Entro al aeropuerto con una mezcla de resignación y voluntarismo necio. No veo al comité de desesperación clamando por gente que se llame como yo. A lo sumo un par de pasajero parsimoniosos que encaran quién sabe hacia dónde. Me acerco y pregunto sobre algunos hombros si todavía me puedo subir al vuelo. Un seco "no" me baña de realidad. Hago la cola mientras me agarro de algún poste imaginario. Dolor de cabeza y náuseas. El dúo dinámico. El dueto apocalíptico. Me toca y enuncio con voz temblorosa que perdí el vuelo. La impasibilidad del gordito que me atiende me tranquiliza. Teclea cosas en su compu. No mueve ni una pestaña. Y después de un tortuoso minuto de silencio me dice que va por el día 20 y no encuentra ni un asiento libre. Apoyo la frente sobre el mostrador y trato de interconectar neuronas. Pregunto por un pasaje en primera. A ver. Hoy no. Mañana sí. Hago cuentas y sin saber cuánto va a doler, doy el sí de los ninõs. Se va y dice que ya vuelve. No doy más y me recuesto en el piso, espalda contra el mostrador. Transpiro mucho. El taxista me dijo que olía mal y me convidó un chicle. Debo tener más ojeras que pestañas. Y eso que pestañas no me faltan. Tal vez me quedo dormido, hasta que me llaman con un dedo. 825 dólares. Trago saliva, me preparo para el mea culpa y de repente, cual relámpago esclarecedor, recuerdo que en el viaje de ida me habían dado un voucher por 500 verdes divisas. Temas de vientos en contra y compensaciones poco realistas. Pelo voucher, respiro aguantándome el vómito y festejo en silencio. Siesta, tranquilidad, viaje en primera y redención. 325 dólares no está tan mal. Pasaron dos horas hasta que pudieron facturarme el cambio. En el camino fui unas 8 veces al baño. Me cambié de remera, vomité, me empapé el pelo y dormí al son de flatulencias ajenas. Volví a casa en el mejor taxi que conseguí. Y dormí. Mucho. Largo. Acá estoy. Ya casi llego. No, la omnipotencia no es buena consejera. Casi nunca.

martes, diciembre 04, 2007

Durmiendo con el jenemigo

¿Alguien puede explicar qué brisas transitan por la cabeza de alguien que nunca cierra con llave de noche, pero sí le pega dos vueltas a la maldita cerradura cuando sale a las 8:15, sabiendo que yo salgo media hora más tarde? Imagino que la gesta para llegar a convertirse en asesino serial comienza como toda travesía de mil kilómetros: dando un paso.

Otros blogs

Agregué una sección donde figuran otros blogs que leo bastante seguido. Creo que son todos de política. Se reciben recomendaciones y comentarios.

Morán

Cuando el rubio cunde
Cuando la mirada esquiva
Cuando ser imbécil cotiza
Cuando el asesino
saca a relucir su impune
barba candado

Cuando el vacío cotiza como faisán
Cuando el oído se cierra
y la boca se abre
Cuando todo es tan fácil
y el fracaso se goza
Cuando el ruego ni compra ni vende

Cuando huyo
Cuando corro
Cuando escapo
Cuando me recrimino
Cuando no soy el que nadie quiso que sea y sin embargo trato
Cuando eructo sin parar
Hoy, recién
y pensar que ya lo sabía

miércoles, noviembre 28, 2007

Chamuscado

El otro día me invitaron a una queimada. Por lo visto noviembre es mes de brujerías, sobre todo para celtas y acólitos. Con el objetivo de auyentar y desarmar maleficios que anden rondando por el vecindario, los gallegos se pegan una buena borrachera en algún(os) momento(s) de noviembre y eso se llama queimada. Se pone en una olla mucho aguardiente, que al parecer en el caso gallego deriva de las sobras del alcohol obtenido al procesar uvas para obtener vino. Ese aguardiente, que por su graduación alcohólica bien podría servir para suturar las heridas de un rinoceronte caído en el fragor de una batalla tribal, se mezcla con granos de café, pedacitos de limón y azúcar. Se mezcla, se mezcla, se apagan las luces, se toma una cuchara digna de escena inicial de Macbeth y se enciende el menjunge sin temor a chamuscarse. Arden maleficios y tranquilidades, un aire como tétrico domina la escena y hasta algún que otro intrépido comensal puede meter su dedo en la marmita y, fuego en mano, probar para ver si el brebaje ya está a punto. Ese fuego quemará solamente si el fulano tiene algún tipo de pacto satánico. Y mezcla que te mezcla y ya estamos para servir. Alguien, dudo que cualquiera, pronuncia sabias palabras en galego, que auyentan brujas y lobizones. Y se enciende la luz y se sirve, a cada uno un poquito. Y después otros tantos poquitos, mientras noche, olla y estómagos aguanten.

sábado, noviembre 17, 2007

Historia de dos duelos

Anoche volví del trabajo agotado, pero feliz porque sabía qué comprarle a Horacio para la cena: alpiste fresquito y rejuvenecedor. Abrí la puerta y me extrañó no escuchar el aleteo frenético de mi mascota. Entré a la pieza y nada: ruido a soledad y no mucho más. "Pajaro que come, vuela", pensé y sonreí visualizando a la criaturita contándole a sus amigos del árbol que lo vio nacer lo duros e infranqueables que son esos cielos blancos que hay en el más allá. Murmuré un "Horacio, Horacio", con la esperanza de que el bichito haya estado dormido. Se fue nomás y dejó como estela una intensa relación amo-mascota. Apareció Florent y le pregunté si no había visto un pajarito. Me dijo que hacía rato que no veía el paraguas. Confirmé que su déficit lingüístico nos separa y mucho.
Esta mañana amanecí con ansias de renacimiento y me puse a limpiar platos y cocina. Hice yoga. Recogí basura y un poco barrí. Limpié el inodoro y me pegué una ducha. Y fui a cerrar la bolsa de basura. Y vi un triangulito negro en el piso. Y me estremecí. Y descubrí el resto del triangulito y lo vi a Horacio. Sus ojos abiertos y una patita aplastada. Contuve la respiración, lo tomé en mis manos y lo metí en la bolsa que acababa de cerrar. Y lloré. Lloré por perder a Horacio, otra vez.

jueves, noviembre 15, 2007

Horacio

Ayer a la noche subía las escaleras que llevan a mi departamento, cuando sentí un aleteo frenético que se daba y daba contra el techo y se me venía a tontas y a locas sobre toda mi humanidad. Seguro que me estaba atacando un vampiro chupa-almas, atiné a bajar unos escalones y dije en voz alta "a la mierda, qué susto", aún antes de darme cuenta que el pobre bicho que se golpeaba una y otra vez contra el techo era un pajarito, entre aturdido, aterrado y envalentonado por mi cara de julepe.
Fácil, pensé. Le pongo un poquito de pan al lado de una ventana y zas, lo guío en un tris hacia la libertad y más allá. Minga. O el bicho no tenía hambre o el pánico podía más o los pajaritos no tienen tan buen olfato como yo me imaginaba. Ni bola al pancito. Así que me decidí por el plan B. Acercarme con cara y pose de monstruo, para asustarlo y que se vaya para el lado de la ventana. Diez minutos corriendo como un salame y lo único que logré fue que entre a mi casa. Primer paso, ahora así: rumbo a la ventana emancipadora. Veinte minutos corriendo al pajarín de un lado al otro del living, cagada blanca sobre el sillón incluida. Ya resignado, decidí irme a dormir, dejar un pancito al lado de la ventana y dejar que el instinto y el relax guíen a la criaturita hacia la felicidad.
O el amigo tenía poco que recuperar allende la ventana o durmió de lo lindo en el marco del espejo. La cosa es que esta mañana estaba ahí, mirandome detrás de su respiracioncita entrecortada. El pan ya no estaba ahí. Así que decidí adoptarlo nomás y tener una mascota. Creo que de niño tuve alguna vez un canario. Este no sé qué modelo es, pero tiene nombre y es Horacio. ¿Alguien sabe si hay algo mejor que el pan integral para dejarle de vianda durante el día?

miércoles, noviembre 07, 2007

Taxi

A la distancia, tanto espacial como temporal, se me dio por comparar los taxis de San José con los de Buenos Aires:

Mejor/más lindo en San José:
- Color: rojo, mucho más onda que el luctuoso negro y amarillo porteño
- Tacheros: mucho más simpáticos y pacientes
- Ubicación: si uno viaja solo, va en el asiento del acompañante
- Viajes cortos: durante todo el primer kilómetro se cobra solamente la bajada de bandera
- Onda pistera: muchas calcomanías, caños de escape recortados, calcomanías que parecen agujeros de balas, luces de neón bajo el chasis...en fin, lo que se dice más decontracté

Mejor/más lindo en Buenos Aires:
- Conseguir uno: los taxis vacíos van lento, por la derecha y con el taxímetro encendido - en San José van rápido, por donde sea y sin ninguna indicación de nada
- Radiotaxis: nada del otro mundo, pero en San José los que atienden los pedidos son unos imbéciles
- Vehículos: más cómodos y modernos (y con aire acondicionado!)
- Uso del celular: todo bien con que el tachero hable alguuna vez por teléfono...pero en San José es enfermante - el otro día me subí a un taxi y el tipo habló durante todo el viaje con la esposa...primer frase apenas me subo al auto: "¿Pero probaste hacerlos en salsa alguna vez o siempre fritos?". Creo que eran hongos.

Diferencias, solo diferencias:
- Peligro de muerte: muy peligroso en ambos lados, aunque por razones diferentes - en Buenos Aires por la velocidad y zigzagueo infernal & en San José por la de cruces de rutas sin semáforos ni puentes ni nada

sábado, noviembre 03, 2007

Solamente solo

Circunstancias, afán de probar novedades, abandonos reales e imaginarios y exageraciones mediante, las últimas semanas estuve y me sentí bastante solo. La oficina es la oficina y por suerte, aunque más no sea puertas adentro, es a la vez fraternal y productiva. Pero puertas afuera la cosa pegó un viraje un tanto centrípeto.
El expatriado cambia de grupos de amigos como de piel: una vez por semestre. Pero este octubre hubo emigración repentina y volaron hacia el norte todos los amigos que tenía: Doménico, Camila, Audrey y Claire, mi compañera de habitación. Y con los que quedaron hay una total ausencia de química. Incluyendo, o sobre todo, a Florent, mi nuevo colega habitacional.
Tal vez no sepa estar solo. Raro. De chico pasaba tardes y tardes sin otra compañía que la de los He-Man, mis libros de mitología griega y el ruido a encerado de piso de la empleada de turno. Pero eso era durante la semana. Sábado y domingo se oscurecía el panorama: 50 kilómetros a puro conurbano y estábamos en el country. Y ojo que no haya sido un día lindo. Cada vez que mamá o papá pasaban al lado mío iban a repetir, incansables, que cómo me iba a quedar encerrado, con lo despejado que estaba el cielo. Eso, traducido por mi cerebrito intolerante, era un claro "deberías tener amiguitos y ser feliz". Y así, veinte años más tarde, me martirizo y me martirizo por quedarme un sábado y un domingo sentado en la cama, mirando películas y comiendo ensaladas de alcaucil y pejibaye. Aunque de a poco creo que me estoy educando. Más tarde que temprano y a los tumbos, se puede aprender a estar solo.

lunes, octubre 29, 2007

Hoja en blanco perenne

La sequedad creativa es así de convexa y lacerante. Encima internet en casa anda como el culo.

domingo, octubre 14, 2007

Aire

No entiendo. Y por alguna imbécil y occidental razón necesito entender.
Entre la ronca y triste voz. Entre la suave y aniñada voz. Entre esas voces.
Y el sueño independiente del saco opaco, la espalda que abarca y el sesgo ibérico.
Pero también la feroz esclavitud de la involución instantánea.
Hoy no hay poesía porque no. Hay solamente aire denso y no se puede parar de respirar.

Basta

Arriba. Arribo. Ya. Genial.
Único. Universal. Luminoso.
Ganador. Enérgico. Bondadoso.
Paciente. Optimista. Vivaz.
Superador. Superado. Superior.
Moderno. Clásico. Novedoso.
Cariñoso. Seductor. Irresistible.
Veloz. Pausado. Natural.
Audaz. Sabio. Flexible.
Aquí. Allá. Antes, durante y después.

Basta