Acabo de llegar. En Artinsoft todos están previsiblemente motivados con el producto y esperan que yo trabaje a toda máquina. El jet-lag aporta unas gotas de cansancio. De nuevo tengo que ajustar mi cerebro a la vida tica. Por ansioso, tengo que mudarme hoy a la tarde al hostel. No debería, pero un poco me hago cargo de que Rogel puteó por mi rescisión temprana de contrato. Empecé el curso de buceo. Terminé de leer los apuntes durante la hora del almuerzo. Líos contables con el curso de Scrum en Buenos Aires. Pensé que había ganado plata y ahora resulta que no tanto y ni siquiera sé por qué. Se me escapan los números. A mí que nunca se me escapa nada. Y se siguen escapando las cosas. Se escapa la Mac. Que la tarjeta, que el envío, que hay que pagar impuestos en tres países. Que sí, que no, que chau Mac. Y me entero que acaba de salir una nueva Treo y que la mía acaba de bajar de precio. A mi que nunca se me escapa nada. Ayer me agarró tremenda migraña. Tuve que cancelar la segunda clase de buceo y, por ende, la certificación este fin de semana. O sea, pasa para Enero. Dramas de un niño consentido. Son las 2:40 AM y desde hace un rato que estoy despierto. Me fui antes del trabajo por el dolor de cabeza. Me quedé dormido a eso de la 5PM. Me despertó un temblor. Me puse debajo del marco de la puerta. Nada, ni una rajadura en el techo barato que mandó a construir Rogel. Que, ahora que lo pienso, debe llamarse Rogelio. Y yo que odio llamar por el diminutivo a alguien con el que no tengo ni confianza ni cariño. A mi que nunca se me escapa nada. Que lo parió, qué velocidad toman a veces las conejas.
jueves, noviembre 30, 2006
Escapando de la coneja
Acabo de llegar. En Artinsoft todos están previsiblemente motivados con el producto y esperan que yo trabaje a toda máquina. El jet-lag aporta unas gotas de cansancio. De nuevo tengo que ajustar mi cerebro a la vida tica. Por ansioso, tengo que mudarme hoy a la tarde al hostel. No debería, pero un poco me hago cargo de que Rogel puteó por mi rescisión temprana de contrato. Empecé el curso de buceo. Terminé de leer los apuntes durante la hora del almuerzo. Líos contables con el curso de Scrum en Buenos Aires. Pensé que había ganado plata y ahora resulta que no tanto y ni siquiera sé por qué. Se me escapan los números. A mí que nunca se me escapa nada. Y se siguen escapando las cosas. Se escapa la Mac. Que la tarjeta, que el envío, que hay que pagar impuestos en tres países. Que sí, que no, que chau Mac. Y me entero que acaba de salir una nueva Treo y que la mía acaba de bajar de precio. A mi que nunca se me escapa nada. Ayer me agarró tremenda migraña. Tuve que cancelar la segunda clase de buceo y, por ende, la certificación este fin de semana. O sea, pasa para Enero. Dramas de un niño consentido. Son las 2:40 AM y desde hace un rato que estoy despierto. Me fui antes del trabajo por el dolor de cabeza. Me quedé dormido a eso de la 5PM. Me despertó un temblor. Me puse debajo del marco de la puerta. Nada, ni una rajadura en el techo barato que mandó a construir Rogel. Que, ahora que lo pienso, debe llamarse Rogelio. Y yo que odio llamar por el diminutivo a alguien con el que no tengo ni confianza ni cariño. A mi que nunca se me escapa nada. Que lo parió, qué velocidad toman a veces las conejas.
La perla del Plata
Tal vez no me pasó nada interesante en estas dos semanas. A pesar del bloqueo literario, algunas apostillas:· El calor de Buenos Aires es polifacéticamente desagradable, sobre todo al compararlo con el de San José. Más humédo, más persistente (no se va de noche) y sencillamente más.
· La sensación general es la inversa que se tiene cuando uno llega del primer mundo. Todo tiene clase, todo funciona, todo está previsto.
· A la gente parece resultarle fascinante que haya ido a Costa Rica.
· No me gusta contar las mismas anécdotas más de dos veces.
· La kinesiología funciona. Lenta hasta la exasperación, pero cura. Mi sinovitis tiene sus días contados.
· Los yankis pueden llegar a ser muy burocráticos y yo muy amarrete: todavía no logré adquirir la Mac.
· No consumo tanta cultura. Ergo, no debería quejarme tanto de San José.
· Nunca fui lo que se dice un metrosexual, pero evidentemente perdí algo del poco sentido de la elegancia y buen gusto que solía tener: fui rebotado en el Podestá por vestir zapatillas, pescador y musculosa.
· Paradójicamente como menos cuando la heladera está tan llena.
· Hay muchos restaurantes buenos y baratos y malos y caros.
· Por más que le pese al pueblo que me acoje, dudo muchísimo que un porteño logre distinguir entre un colombiano, un nica y un tico.
Limado
Terminando el comienzo
Tres y veinticinco. Ahora y veintiseis. Me acabo de subir al taxi a Ezeiza y ya estamos por la torre de Interama. El chofer es la versión elegante de Moyano. Cuando lo vi en la puerta de casa le dije "buenas noches". "Buenos días", respondió. Maneja un Fiat chiquito pero con clase y casi sin kilómetrs. Escucha a Tom Jones sin siquiera tararear. Ahora suena Phil Collins. Me pregunta con qué aerolínea vuelo. No promueve el diálogo supérfluo. Por alguna razón hoy viajo con pantalón beige y camisa manga corta de colores. Es de esos días en los que disfruto imaginándome yuppie y burgeoise bohéme, mezcladito y yuxtapuesto.Durante estas dos semanas no escribí nada. Ni siquiera mentalmente. Tengo unas diez horas hasta aterrizar en San José. Suficientes para escribir una retrospectiva porteña. Si supiera lo que es un aguafuerte le daría ese tono. A conformarse con hombres de palito a mano alzada.
Calma, multitud iracunda
domingo, noviembre 12, 2006
Miss Daisy
Confirmado: la viejecita tiene toda la onda. Tiene 2 amigos treintiañeros con pinta de gente interesante que se levantaron de sus respectivos asientos para charlar animadamente con ella. Soy lo menos.
El sabor del encuentro
Estaba aburrido. Vi de reojo la peli. Sigo con acidez. No pasa nada. Qué hago. Y...voy a ver qué tarjetas y papelitos de diversa índole recolecté en este último tiempo entre la billetera y la riñonera. Para aquellos que no conocen esa fascinante faceta de mi personalidad, papelito que recibo (incluyendo tickets de poca monta, como el del Snickers King Size), papelito que guardo. Pero lo guardo para posterior análisis. Para, en momentos como estos, revisar la pila y, con el alma henchida de orden y eficiencia, tirar todos y cada uno de los chunches. Me disponía entonces a darle una vuelta más a la rueca de la historia cuando, de repente, el milagro se hizo carne.Caramba, este papelito es verde. Dice 20. ¡Ave María Purísima! ¡le jaim! ¡20 prístinos dólares escondidos en un recodo de mi billetera!
Head of State
Obertura telúrica
Gran cantidad de argentinos. Ya en el aeropuerto de San José. Con el grupo de los festivos rugbiers rosarinos que vienen de su 3er viaje en 3 años por Colombia (imposible no enterarse: hablan a grito peludo) que sube en Lima la tendencia se torna irreversible.Malditos. Con cada "ye", con cada "che" y hasta cuando esa tierna viejecita de Villa Ortúzar o de Liniers le explica a un atento turista que de Argentina lo que vale la pena son las cataratas, siento como me vulgarizo, como paso a ser uno más, como mis exotismo a la hora de pronunciar "lluvia" y decir "carajo" se esfuma.
Encima siento que todos parecen más argentinos que yo. Seguro que todos bailan tango con firuletes y la mar en coche. Seguro que saben cebar mate. Seguro que van todos los domingos a la cancha. Seguro que hacen unas empanadas tucumanas de la gran siete. Todos. Hasta la viejecita.
Psique
Sigo angustiado. Me di cuenta que, al menos para la escritura, soy mucho más creativo cuando me angustio. El día que me cure, nos quedamos sin blog.
King Size
Ayer saqué dólares del cajero. 60. Por alguna razón usé unos cuantos para pagar el impuesto de salida de Costa Rica y mi almuerzo. Me acabo de dar cuenta que la idea original de ese verde dinero era pagar el taxi/remis/chata que me va a llevar de Ezeiza a mi cama. Recordemos que estoy llegando a las 3 de la mañana (lo que excluye la posibilidad de tomar el 86).Me quedan 17 o 18 dólares. Me angustio. Hago cuentas. En Ezeiza son siempre medio chorros. La inflación, si no galopa, al menos camina apurada. Siempre tendremos Tienda León. Claro que me va a dejar en Plaza San Martín. De última de ahí me tomo un taxi. Me angustio. Evidentemente, al menos en parte, lo hago por deporte. Tengo tarjeta de crédito y el equivalente tico de la Banelco. Visualizo la heroica imagen de Alan durmiendo entre bancos, esperando que se haga de día para tomarme el 86. Claramente no lo tomo de noche por mi cobardía, lo que me permite descartar la alternativa por falta de heroismo. Chan, chan, ¿qué pasará? Seguro que algo terrible y el remordimiento me va a morder hasta el fin de los días por haber gastado 3 dólares en ese Snickers King Size que me comí de postre.
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